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CUENCA (Arquidiócesis de Cuenca).- Con una solemne celebración eucarística presidida por el arzobispo de Cuenca, Mons. Marcos Pérez y diez obispos del Ecuador, el sábado 27 de mayo, la Arquidiócesis de Cuenca celebró los 50 años de consagración de la catedral metropolitana, acontecimiento que se realizó en el marco del IV Congreso Eucarístico Nacional en 1967. También se recordó la coronación pontificia de la imagen de la Inmaculada Concepción y los 60 años de erección de la arquidiócesis.
 
Hace cincuenta años resonaron en esta catedral las palabras del hoy Beato Pablo VI, dirigidas por radiomensaje al pueblo ecuatoriano, con motivo de la celebración del IV Congreso Eucarístico Nacional, mensaje que resume los sentimientos de nuestro pueblo y el sentido que la catedral tiene para Cuenca y el Ecuador. Nos decía en aquel momento el Santo Padre: “Fue en Jueves Santo cuando Hurtado de Mendoza firmó el acta de tu nacimiento y te legó como escudo un cáliz de oro sobre el que se posa una estrella dorada de ocho puntas. «Primero Dios y después Vos»: tal era su lema; Cristo en la Eucaristía primero y después María Santísima. Palabras son éstas que describen tu hidalguía y que en estos momentos proclaman tu grandeza. Ellas expresan tus ideales y, ayer como hoy, siguen obligando a tus hijos. Gentes tesoneras han sido ellos en la historia y lo continúan siendo, pues pueden finalmente inaugurar su Catedral, grandioso monumento de su Ciudad, testimonio vigoroso de fe, alarde de perseverancia y tenacidad.
 
Honor al pueblo piadoso del Azuay; loor y gratitud a todos vosotros y a cuantos con su aporte han hecho posible la erección de una de las más imponentes Catedrales del Nuevo Mundo; parabienes al venerado y querido Señor Arzobispo, Monseñor Serrano Abad que, a ejemplo de sus predecesores, ha dado a esta empresa entusiasmo, celo y tanto de su vida”.
 
La piadosa y bella locura de aquel gran pastor, Mons. Miguel León y Garrido, se hizo realidad, la catedral tan grande como la fe su pueblo, desde hace 50 años es este templo, centro de la fe de Cuenca y del Azuay. Todos los obispos después de él se esforzaron por construir la catedral nueva. Entre ellos hay que mencionar a Mons. Manuel de Jesús Serrano Abad, quien tuvo el privilegio de ser consagrado obispo en esta catedral, la bendijo, celebró en ella el IV Congreso Eucarístico Nacional junto a los obispos ecuatorianos y presenció la coronación de la imagen de la Virgen Inmaculada, como Reina y Madre de la catedral y de la arquidiócesis. Tanto amó la casa de Dios que puso en ella todo su corazón y sus bienes.  Supo muy bien que lo que es la casa para una familia, lo es la iglesia para la familia de Dios. No hay familia sin una casa. La gente se contagió de la solidaridad, el entusiasmo, la alegría de trabajar junto al obispo para dar a la comunidad un digno lugar de culto y de encuentro.
 
El lema escogido para este año jubilar fue: “Quiero una catedral tan grande como la fe de mi pueblo”. Palabras de Mons. Miguel León.
 
Al finalizar la celebración eucarística, el Canciller de la Curia  leyó el mensaje que el Papa Francisco envió a Cuenca con motivo de estas fiestas, en el que da gracias a Dios por los años de evangelización en estas tierras y los exhortó a ser discípulos misioneros que crezcan en el conocimiento del amor de Dios a través de la Palabra de Dios y la participación en los sacramentos, para ser testigos de la resurrección, que lleven a los necesitados la ternura y la misericordia divina.

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