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CUENCA (Arquidiócesis de Cuenca).- Con el tema: “Eucaristía y paz, según el mensaje del Santo Padre con motivo de la Jornada Mundial de La Paz 2017”, Cuenca celebra su Septenario Eucarístico del 16 al 22 de junio. 
 
El Papa Francisco, en su Mensaje sobre la Paz en este año 2017, nos invita a la no violencia como un estilo de política para la paz.
 
Hoy vivimos terribles momentos de violencia: guerras, terrorismo, criminalidad, abusos contra los débiles, la destrucción del medio ambiente, leyes anti vida y familia. Estos males conducen al sufrimiento y a la muerte de muchos hermanos.
 
En medio de tanto mal, solo Jesús nos trae una Buena Noticia. Él también vivió tiempos difíciles, recuerda el Papa, y en este ambiente predicó el amor de Dios y su infinita misericordia, nos llamó a la reconciliación y a descubrir en el otro el rostro de Dios. El amor a los enemigos constituye, pues, el núcleo de la revolución cristiana.
 
Esto quiere decir que, si queremos ser discípulos de Jesús, tenemos que aceptar su propuesta de paz y distinguirnos por la no violencia.
 
En la celebración del Septenario Eucarístico de Cuenca, que tradicionalmente se desarrolla cada año en nuestra Catedral metropolitana, vemos expresada la fe del pueblo en la presencia real de Jesús, Príncipe de la Paz, en la Sagrada Eucaristía. Es reconocer públicamente que Dios está con nosotros, que nos alimenta y se queda en las especies consagradas para fortalecer nuestra fe. Aquí podemos adorarlo y ofrecerle nuestro amor verdadero, que luego debe traducirse necesariamente en obras de misericordia, en entrega generosa al prójimo, haciendo realidad en la vida diaria el mandamiento del amor y la fraternidad.
 
La escucha atenta al Maestro nos lleva a convertirnos en mensajeros de la Buena Nueva y Constructores de la paz en el mundo y, concretamente, en nuestros hogares, en la sociedad y en el país. Construye la paz el que perdona de corazón, quien busca la sincera reconciliación, el que valora las capacidades del hermano y sabe escuchar con respeto a todos, incluso a los que piensan diferente. Construye la paz quien evita el chisme y la calumnia, el que no destruye la honra de nadie. Estos son detalles de amor y paz que no podemos pasarlos por alto en nuestra vida cristiana. Son signos de la presencia de Jesús en un mundo dividido por enemistades y discordias.
 
El Papa Francisco, hablando de la paz, afirma que: “Ninguna religión es terrorista”. “Nadie puede utilizar el nombre de Jesús para justificar la violencia”. “Solo la paz es santa, no la guerra”. Tomando sus palabras y aplicándolas a nuestra vida, podemos decir también que quien adora a Dios presente en la Eucaristía, no puede ser terrorista familiar, sembrando violencia doméstica y abusando de los débiles.
 
Quien invoca a Dios no puede justificar el enfrentamiento entre hermanos y la destrucción de la familia. Un buen cristiano no puede apoyar políticas que atentan contra la ley de Dios y su justicia, contra la ley natural que fortalece la vida matrimonial y el respeto a la persona, creada a imagen y semejanza de Dios. Es terrorismo pretender, en este mundo lleno de tanta confusión, destruir la obra de Dios, desconociendo la dignidad del hombre y la mujer.
 
Vivamos estos días de fiesta eucarística, como momentos de encuentro con Dios y compromiso para trabajar por la paz y la reconciliación entre todos.
 

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