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 “CAMINO QUE NOS LLEVA A CRISTO Y AL HERMANO”

 

¿Cuántos caminos hemos recorrido en nuestras vidas? ¿A dónde nos han llevado esos caminos? Esta Cuaresma, ¿será un camino más que quizás no nos lleva a nada?

Muchas pueden ser las preguntas que nos hacemos al iniciar este tiempo de Cuaresma, pero les invito a hacerse una pregunta más, la misma que puede cambiar nuestras vidas en forma definitiva: ¿Queremos de verdad iniciar el camino de esta Cuaresma?

 

Benedicto XVI afirmaba: “Iniciamos hoy, Miércoles de Ceniza, el camino cuaresmal, que dura cuarenta días y que nos conduce a la alegría de la Pascua del Señor… Es un especial camino de conversión a Cristo que es el camino por el que todos estamos llamados a caminar en la vida”

 

Por eso es fundamental recorrer este camino, un camino que nos lleva a Cristo y nos hace ver a nuestro alrededor hacia el hermano que está a nuestro lado, al hermano que está al borde del camino, al hermano caído, descartado, abandonado, pobre y en situación de miseria.

El camino de Cuaresma implica “ir contracorriente, donde la corriente es el estilo de vida superficial, incoherente e ilusoria, que a menudo nos arrastra, nos domina y nos hace ver esclavos del mal o prisioneros de la mediocridad moral” (Benedicto XVI)

 

El Papa Francisco en su mensaje de Cuaresma de este año 2017 nos recuerda que “la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo”. Estamos llamados a volver a Dios “de todo corazón” y si volvemos a Dios volvemos al hermano. Y el Papa nos propone este año reflexionar sobre la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (Lc 16, 19-3
 

¿Cuántos Lázaros en este tiempo? ¿Cuántos hermanos que están en situación desesperada, que no tienen fuerza ni para levantarse? ¿Cuántos Lázaros echados a las puertas y comiendo migajas? El Papa nos ayuda a darnos cuenta de que el pobre de la parábola no es anónimo, tiene un nombre y una realidad concreta, como tantos pobres que están a nuestro lado. “… el pobre se llama Lázaro: un nombre repleto de promesas, que significa literalmente “Dios ayuda”. Este no es un personaje anónimo, tiene rasgos precisos y se presenta como alguien con una historia personal”

 

Para el rico es como si fuera invisible, no lo ve, no descubre su presencia. Esta es la realidad de nuestro tiempo. Muchos tienen cerrados sus corazones y sus ojos al hermano necesitado. Podemos correr también nosotros ese riesgo, no reconocer en el hermano descartado de la sociedad “un don, un tesoro de valor incalculable, un ser querido, amado, recordado por Dios, aunque su condición concreta sea la de un desecho humano

 

Estamos invitados en esta Cuaresma a abrir la puerta de nuestro corazón al otro, a dejarnos cuestionar por el otro, a que el otro nos interpele con su presencia, con su vida, con su realidad. Que el hermano no sea para nosotros desconocido, que sepamos “su nombre”, es decir, que estemos abiertos realmente a él. Francisco nos insiste: “La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo”

 

La gran tentación en nuestra vida será vencer, como el rico de la parábola, nuestro apego a lo material, a la vanidad, a la soberbia. El rico, en esta parábola, es un personaje anónimo, lleno de sí mismo, sometido a lo material, viviendo en la apariencia y con un corazón cerrado a Dios y al hermano. “El rico no ve al pobre hambriento, llagado y postrado en su humillación…la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo” (Francisco)

 

Con la imposición de la ceniza al iniciar este camino de Cuaresma, asumamos el compromiso de seguir a Jesús. Recorramos en esta Cuaresma que nos lleve a cambiar nuestro corazón. Abrámonos a la Palabra de Dios, que será la fuerza viva, capaz de mover nuestras vidas y de llevarnos al encuentro con Cristo y con el hermano. Recordemos que si cerramos el corazón al don de Dios que habla, cerraremos el corazón al don del hermano.

 

Termino este mensaje trayendo un extracto de la oración “Ceniza” de Alberto Morúa:

“Miércoles de ceniza, hora de volver a casa,

desde el país donde ya no hay alimento, que pueda saciar nuestra hambre.

Miércoles de ceniza, hora de pensar lo corto que es nuestro tiempo

y lo largo que es el camino.

Miércoles de ceniza, hora de inclinar la cabeza hasta el suelo,

 para leer el mensaje escrito en la tierra.

Miércoles de ceniza, hora de preguntarse:

¿Ya eres un dios? ¿Ya conoces todo?

¿Ya has abierto los ojos y sólo has visto eso…?

Un poco de ceniza en nuestros rostros nos puede poner en camino de verdad:

no hay camino fuera de Dios.

 

Que este camino que iniciamos sea un camino que nos lleve a “morir a nuestro hombre viejo ligado al pecado y hacer nacer al hombre nuevo, transformado por la gracia de Dios” (Benedicto XVI).

 

Recorramos juntos como Iglesia de Loja este camino. Todos estamos llamados a la conversión, yo el primero. No perdamos la oportunidad que nos da Dios. Decidámonos a recorrer este camino de conversión y de gracia.

 

Reciban mi bendición de padre y pastor.

 

+ Alfredo José Espinoza Mateus, sdb

Obispo de Loja

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